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Feminicidio: una muerte anunciada

“Marisol se levantaba todos los días a las 5 de la mañana, despertaba a sus dos hijos y los preparaba para pasarlos dejando a una escuela pública cercana a su casa en una zona popular; posteriormente ella se dirigía, como todos los días, hacia su lugar de trabajo: una maquila en las afueras de la ciudad de Guatemala.

Su horario de trabajo era de 8 a 5, pero generalmente se quedaba hasta las 7 de la noche, para lograr ganar un poco más de dinero con las horas extras. Su sueño era poder comprar un pequeño terreno, para que, como bien ella decía, nadie nunca más la corriera ni a ella ni a sus hijos…

Un día, Marisol no regresó a buscar a sus hijos a la casa de su vecina, quien se los cuidaba hasta que ella llegara.

Pasaron 3 días y Marisol no apareció, la vecina tuvo que dar parte a la policía ya que no podía hacerse cargo por más tiempo de los dos niños, y, tal como aparece en la denuncia, ella era una mujer sola: sin marido, sin familia, sin nadie que preguntara por ella… Su cadáver lo encontraron en un predio baldío en el sector del Mezquital, desnuda, violada, torturada, y mutilada.

”Este, es uno de los tantos relatos que describe la vida que tuvieron muchas de las mujeres desparecidas y asesinadas en Guatemala: el país de la “eterna primavera”.

Desde el 2001 a la fecha se reportan más de 3,000 feminicidios; crímenes contra mujeres, que tiene como factores comunes, no sólo el género, sino la condición de trabajadoras, de mujeres de escasos recursos, mujeres jóvenes entre los 16 y 40 años de edad; y en algunos casos, mujeres que había decidido participar en los cambios sociales.

El Estado de Guatemala, ha recibido múltiples señalamientos a raíz de lo cual ha hecho compromisos, y públicamente ha dicho que investigará y encontrará a los culpables de todos y cada uno de los feminicidios que han ocurrido.

El resultado, ninguno, ya que el número de mujeres asesinadas ha ido aumentando; y lo que es peor, las cifras han causado un efecto normal y cotidiano dentro de la población, incentivada por los medios de comunicación, que reportan la noticia, en forma morbosa y direccionada, como una muerte más.

Es de primordial urgencia que, todos y todas nos concienticemos de la gravedad de este fenómeno; que nos manifestemos, y que incorporemos a nuestro lenguaje el término FEMINICIDIO, para no dejar pasar inadvertida esta nueva violación a los derechos humanos.

Que seamos beligerantes y consecuentes, que no les demos tregua a los asesinos que quieren callar las conquistas que estas, mujeres han hecho al entrar al mercado laboral y al romper, de diversas maneras, con el esquema patriarcal opresor, que a través de la historia ha impuesto normas de conducta que coartan y reprimen por el sólo hecho de atentar contra él.

Es nuestra responsabilidad, alzar la voz para que no sigan sucediendo estos crímenes, hacer sentir nuestra desaprobación frente al Estado de Guatemala para que cumpla el enunciado constitucional de proteger la vida e integridad de todas las personas que viven en el territorio guatemalteco.

Y, sobre todo, no podemos dejar que estas mujeres queden en el olvido como una muerte más, debemos hacer justicia por ellas que ya no tienen voz.

Violeta Lacayo Consultora en temas de Género.

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