Consecuencias del acoso sexual y laboral
En el caso del acoso laboral este tiene consecuencias en su salud, en las relaciones y consecuencias económicas para la persona trabajadora, para la empresa y para la sociedad.
La persona acosada laboralmente tendrá dificultades para concentrarse, se vuelve irritable y agresiva o manifiesta depresión, también esta situación afecta su entorno donde puede presentarse un aumento de conflictividad en el ámbito familiar, un aislamiento o abandono de los amigos que se cansan de escuchar la “obsesión de la persona acosada, puede provocar dificultad para encontrar otro trabajo al estigmatizar al sector social de su actividad laboral.
A nivel económico
Para el o la trabajadora implica una merma económica costearse gastos médicos, psicológicos o legales, si llega el caso.
Para la Empresa: Si es de manera indirecta, por omisión de su deber de velar por la salud del trabajador-a, en este caso: la baja productividad de los trabajadores. No sólo del acosado directamente sino de sus compañeros (testigos mudos) que ven que si se "mueven mucho" podrían ser objeto de acoso laboral por parte del acosador, también, por el mal ambiente que se produce en el seno del trabajo.
Para la sociedad: Los costos médicos, las bajas, y a fin de termino las incapacidades laborales que se producen, en algunos casos de por vida, es decir, dejando incapacitado al trabajador para desempeñar ningún tipo de trabajo.
A pesar de los daños que ocasiona, no resulta fácil para una persona demandar una empresa o a su patrono por mobbing debido a:
- Legislaciones poco claras en algunos países
- Aumento de las formas ilegales y atípicas de contratación y la flexibilidad de las condiciones de trabajo
- Escaso cumplimiento por las empresas privadas y públicas de las leyes de riesgos laborales y de evaluación y control de los daños psicofísicos
En el caso del acoso sexual la situación es más grave aún, ya que se estima que de las personas acosadas, el 80% son mujeres.
El acoso sexual es un abuso de poder basado en el género como jerarquía, y esto es posible ya que el poder: subraya la supremacía de lo masculino sobre lo femenino, posibilitando que esta forma de violencia la ejerzan mayoritariamente los hombres en contra de las mujeres, haciendo uso de ese poder.
Además la sexualidad femenina ha sido dirigida y controlada para los requerimientos culturales de satisfacción masculina, los cuales han permitido el sometimiento al papel de madres, esposas y amantes.
Toda esta violencia se deriva de las relaciones desiguales de poder y en el caso del hostigamiento sexual, se ejerce por medio de la imposición de requerimientos sexuales, con el uso de la fuerza si es necesario.
Las personas acosadas sufren sentimientos de malestar producidos por esta experiencia, sensaciones de humillación, insatisfacción personal, molestia o depresión, impotencia, sentimientos de indefensión, que son consecuencia de las acciones sexuales no recíprocas. Tales conductas ofenden a quien las recibe e interfieren con sus actividades cotidianas.
También puede darse una aversión, miedo o desconfianza hacia el sexo opuesto, lo que implica dificultades para establecer relaciones. Aunque las consecuencias del acoso afectan primordialmente a la persona acosas, también incide negativamente sobre las y los trabajadores que pudieran ser testigos.
La gravedad del impacto del acoso depende del tipo de agresión, la estabilidad de la persona acosada y el apoyo que recibe de su entorno.
Al ser las mujeres la mayoría de personas acosas, debido a su condición de discriminación dentro del sistema, esto implica mayor vulnerabilidad y menor acceso a los mecanismos para impedir el acoso.
El acoso sexual puede ocasionar que una mujer deje su empleo para no afrontar el problema, aunque debido a la actual situación socioeconómica lo más probable es que calle y se someta para no perder su ingreso.
Puede ser despedida o perder sus perspectivas de promoción por no haber accedido a las sugerencias que le fueron hechas. La mujer acosada tiene siempre una sensación de culpabilidad generada por la carga social y cultural que, ante estos hechos, ve a la mujer como una "provocadora".
Además la víctima tiene conciencia de que al informa del incidente o rechaza acceder, el acosador dispone muchas veces del poder de afectar sus condiciones de trabajo, oportunidades de formación o promoción y su seguridad en el empleo.

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