Feminicidio: problema de vida o muerte
Violeta Elena Lacayo Delgado Directora de la Campaña SINDICATOS POR LA VIDA DE LAS MUJERES: ¡ALTO AL FEMINICIDIO! de la Coordinación de Derechos Humanos del Instituto Sindical para América Central y El Caribe
De vida o muerte, es la frase que las personas utilizamos para priorizar una situación al estar ocupadas y ocupados; todas y todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos pedido que no se nos interrumpa a menos que sea de “vida o muerte”.
De esta misma manera los gobiernos deberían considerar el grave problema de los asesinatos de mujeres, priorizándolo y dándole connotación de urgente dentro de las agendas nacionales; poniéndolo en la categoría de problema de salud pública para que sea atendido lo más pronto posible.
El 2007 cerró en Guatemala con la escalofriante cifra de 591 feminicidios, sin embargo, tomando en cuenta los sub-registros y el desfase de la información, se podría hablar hasta de 625. Esto, más que una cifra, representa un claro desinterés por profundizar la raíz del problema, ya que, por otro lado, Guatemala ya está en la palestra internacional y no exactamente por el cambio de gobierno, sino por el desorbitante incremento de los asesinatos de mujeres, en su mayoría, jóvenes y parte de la población económicamente activa.
Muchas y muchos al leer la cifra de feminicidios con que cerró el 2007 y compararla con la cifra con que cerró el 2006, pensaron que no hay mucha diferencia. No obstante, esto es muy grave, ya que en las previsiones del 2007 se esperaba una disminución y no un “leve aumento”. Por tal razón, el fenómeno se está normalizando de tal manera, que ya no asusta y no ocupa titulares de los periódicos, ya ha pasado a las páginas de en medio, con una visible muestra de rellenar un espacio, y no de resaltar un hecho tan grave.
En el resto de países de América Central y El Caribe, también ha habido un incremento de feminicidios, especialmente en Honduras y El Salvador, países en los cuales se está empezando a hacer una separación por sexo al momento de disgregar los datos de homicidios que presentan las instituciones oficiales.
En Nicaragua, ya se ha reconocido el fenómeno, y, definitivamente, debemos decir que, al haberse hecho tempranamente y con el involucramiento de la Comisaría de la Mujer, la Procuraduría de la Mujer, entre otras, y la efectiva posición de los sindicatos, se puede evitar que este fenómeno avance. No obstante, debemos decir que el año se abrió con el asesinato de una mujer de la tercera edad, ejecutada por su compañero de vida después de 20 años de sufrir violencia.
Podríamos mencionar las particularidades del seguimiento del feminicidio en todos y cada uno de los países de la región, pero siempre llegamos al mismo punto: los rasgos comunes de los asesinatos y la poca atención que los gobiernos le ponen a los mismos.
Estamos iniciando el año 2008, la campaña SINDICATOS POR LA VIDA DE LAS MUJERES: ¡ALTO AL FEMINICIDIO! sigue vigente, y frente a esta espeluznante cifra reportada en Guatemala, nos exige un mayor compromiso individual y colectivo para seguir demandando el esclarecimiento de estos crímenes y exigir que se tomen medidas gubernamentales efectivas y consecuentes que protejan la vida de las mujeres, y que se empiece a romper el esquema social misógino que envía claros mensajes de impunidad.
El feminicidio es un problema grave, que debe atacarse como un problema de salud pública, ya que está minando no solamente las generaciones actuales, sino que puede llegar a convertirse, con la normalización del mismo, en una conducta social aceptada con lo cual se construirá una sociedad que estará lejos de la reconciliación y los derechos humanos.
Debemos de asumir consecuentemente una posición de vida o muerte frente a los asesinatos de mujeres para que en el imaginario colectivo se convierta en un tema prioritario a erradicar.

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